No diré nada sobre mi edad, si soy
hombre o mujer ni a qué me dedico. Sólo voy a confesaros que mi vida es
una mierda y que este blog nace de la necesidad de escupir al mundo
esas verdades que tanto duelen y de las que no soy capaz de deshacerme de
otra manera.
Triste pero cierto.
¿Cobardía
la mía? Probablemente... La realidad es que, aún siendo consciente del
engaño al que me someto, prefiero ver las palabras que a partir de ahora
brotarán de mi teclado como una especie de terapia asistida por la
libertad que ofrece el anonimato. Una libertad a medias, si, pero mayor
que la que experimento en estos momentos.
Por
contra, la desnudez tampoco será total porque, aunque pretenda
llevar la honestidad por bandera, no será necesario mostrar un sólo
centímetro de piel.
Tampoco pido más...
Tampoco pido más...